Es una exposición inédita que articula la pluralidad estética de finales del siglo XX y principios del XXI, alejada de una perspectiva artística homogénea, centralista y hegemónica, que a veces contrasta entre sí. Esta exposición toca nuestro imaginario nacional: es un escaparate de propuestas contemporáneas capaces de generar discusión y diálogo entre tradiciones. Un universo donde la tradición y la modernidad, lo individual y lo colectivo, se difuminan en nuevas expresiones y prácticas artísticas despojadas de la alineación y de lo típico. Es una muestra de la singularidad que significa encapsular lo que existe al margen, reinventar lo creado y lo degradado, lo que parece haber nacido para la indiferencia. El crepúsculo de una experiencia renovadora, un cruce de utopías, una renovación de la mirada.

Al agotamiento de un discurso de victimación aparece otra manera de pensar el mundo, otra forma de concebir el patrimonio cultural que refuerza la cohesión social y aparece como regenerador del alma nacional.

Esta exposición proyecta el espíritu comunitario y universal de los creadores indígenas que han hurgado en lo más profundo de sus culturas para compartirnos sus sueños y sus realidades a través de colores, espacios, tiempos, lugares y nombres renovados.

El arte indígena contemporáneo aparece en estos creadores como expresiones vanguardistas. Las nociones de belleza y perfección se aprecian en cada obra, lograda seguramente a través del diálogo con los rituales y con la cotidianidad. Las maneras de concebir el arte y las diferentes formas de representarlo son la base de esta exposición. Los mensajes vienen de diferentes direcciones de nuestra geografía nacional.